Por una historia cultural de la construcción de los estados

La historia de los estados nacionales ha constituido el hilo conductor del relato historiográfico tradicional. Pero esto ha sido así de manera inconsciente, sin ni siquiera partir de una reflexión acerca del concepto de Estado.

La historia-relato, escrita para legitimar la identidad nacional, no pretendía -ni pretende- ser crítica ni ayudar a pensar. Una historia de la construcción de esos estados nacionales, especialmente atenta a su dimensión cultural, es imprescindible para iniciar el desmantelamiento de todos sus presupuestos falsos.

 

El pasado 1 de diciembre, Juan Pro intervino en el Fórum de la revista Almanack, en la Universidade de São Paulo (Brasil) en torno a esta cuestión.

 

La conferencia, titulada La construcción del Estado en España: haciendo historia cultural de lo político, fue comentada por las profesoras Andréa Slemian (Universidade Federal de Sāo Paulo) e Izabel Marson (Universidade Estadual de Campinas), que plantearon multitud de cuestiones y relaciones del texto, dando pie a una interesante discusión.

 

Partiendo del trabajo realizado en el proyecto Imaginarios de Estado: modelos, utopías y distopías en la construcción del Estado-nación español en perspectiva comparada (siglos XVIII-XX), se trataba de proponer, a través de una revisión del caso español, un nuevo enfoque de la historia del Estado. Sin duda esta ha estado demasiado dominada por las inercias de la historia política en su versión más narrativa y tradicional.

Sin embargo, hace ya varias décadas que la historia cultural empezó a proporcionar pistas y herramientas que, aplicadas al estudio de lo político, desvelan nuevos perfiles de un proceso extremadamente complejo.

Como se planteó en la conferencia de São Paulo, retransmitida en tiempo real por el canal de Youtube de Almanack (y publicada próximamente en esta revista), el proceso histórico de construcción del Estado nacional en España puede servir para revisar tanto la historia contemporánea del país como el concepto mismo de Estado.

 

Un empleo riguroso de este término obliga a limitar su uso para las formas de organizar el poder político que surgieron en Europa y América a partir de las revoluciones liberales y que posteriormente se extendieron al resto del mundo, dando a este en el siglo XX una organización prácticamente exclusiva en estados-nación.

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