“EL MERCADO MUNICIPAL”

CRONICAS Y RELATOS

 

Nazario Romero Díaz

 

 

 

En los años 40’s el tianguis dominical del pueblo se ubicaba debajo de los frondosos árboles de cocuites que había en el parque José María Mata, del lado de la avenida Ávila Camacho, ahí se instalaban los vendedores de toda clase de mercancías, principalmente frutas y legumbres procedentes de Teziutlán que transportaban en burros, mulas y caballos, porque aún no había carretera. Los animales pastaban en el parque.

 

Los ancheteros, que vendían telas y ropa hecha de manta y mezclilla que usaban los trabajadores, se instalaban en catres o en improvisados mostradores con cajas y tablas de madera que a veces derribaban los burros cuando perseguían a las burras lanzando ruidosos rebuznidos.

 

El pueblo estaba creciendo aceleradamente y ante el aumento del comercio informal, los vendedores invadieron la calle Hidalgo instalando casetas y “puestos” de fritangas, raspados, alimentos y toda clase de mercancías. Fue entonces cuando surgió la necesidad de construir el mercado municipal. Para tal fin, las autoridades eligieron la manzana que ocupan las avenidas Melchor Ocampo y Zaragoza, así como las calles Hidalgo y Allende. Como no había dinero para la adquisición del predio, fue necesario acudir a la iniciativa privada para que aportara recursos. Reunieron lo necesario y así fue posible la compra del terreno.

 

Hicieron aportaciones 28 personas que se convirtieron en propietarias de igual numero de locales comerciales en la planta baja y viviendas en la planta alta. En el centro quedó la nave principal del mercado, donde se construyeron las alacenas con pasillos interiores. De esta manera el centro de abastos tuvo y tiene dos beneficios: comercial y habitacional. Ahí se reubicaron todos los pequeños comerciantes tras desalojar el parque, la calle Hidalgo y parte de la avenida Melchor Ocampo.

 

La obra fue realizada con aportaciones federales, merced al apoyo del entonces senador por Veracruz, Rosendo Topete Ibáñez, quien fue hombre de las confianzas del presidente Ruiz Cortínez, y los fondos fueron administrados por el señor Antonio Vargas Torre cuando era presidente de la Junta de Mejoramiento y tuvo un costo de un millón de pesos.

 

La construcción se inicio en 1955 y fue terminada e inaugurada en 1958 por el entonces diputado local Federico Valdez Torre y por el señor Gonzalo Izaguirre, tesorero de la Junta de Mejoras. Pronto el centro de abastos quedó completamente abarrotado de locatarios, y pronto fue invadido de tabernas, ruidosas rockolas y cantinas, que años después hubieron de intervenir las autoridades municipales para establecer el orden.

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