‘El corazón de la obra de Roberto Bolaño es la amistad’, afirma José Ramón Ruisánchez

‘La constante exploración de este sentimiento es la parte curativa de su escritura”, explica sin dudar el investigador mexicano José Ramón Ruisánchez Serra

“El corazón de la obra de Roberto Bolaño (1953-2003) es la amistad, la constante exploración de este sentimiento es la parte curativa de su escritura”, afirma sin dudar el investigador mexicano José Ramón Ruisánchez Serra (1971).

 

Considera que sentimientos como la hermandad y la solidaridad han sido soslayados en el análisis de la obra del reconocido novelista, cuentista y poeta chileno, para privilegiar temas como el desenfreno sexual, la violencia y el mal.

 

“La violencia no era fundamental para Bolaño, incluso era algo que debía evitarse; pero, a pesar de que los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez son muy importantes en su novela 2666, o la tortura durante la dictadura chilena, la contribución de mi libro es poner en un lugar central a la amistad”, comenta.

 

El estudioso de la obra del escritor que, tras su muerte, se ha convertido en uno de los más influyentes de las letras hispanas, detalla las conclusiones de su libro La reconciliación (UNAM), en el que revisa la propuesta de Bolaño y la literatura de la amistad en América Latina.

 

“En Los detectives salvajes, lo crucial también es la amistad de los vicerrealistas (infrarrealistas en realidad), es lo que está contando, la simpatía que unió a ese grupo literario que surgió en México y del que declaraba en entrevistas que extrañaba las caminatas que hacían. Toda literatura es un acto de amistad”, agrega.

 

El catedrático de la Universidad de Houston dice que el autor de los poemarios Gorriones cogiendo altura, el primer libro que publicó en 1975, Reinventar el amor y Los perros románticos planteaba el mal como sinónimo de egoísmo, como consecuencia de la modernidad y del capitalismo, como algo que nos está esperando.

 

“Pero, si leemos con cuidado sus libros, el mal es algo que a su vez crea una imaginación ética, y reacciones hacia nuevas formas del bien, no todas sostenidas, sus personajes no son santos, son corruptibles, tienen debilidades; pero, precisamente, ése es el lugar donde surge el bien, éste no es algo que exista y conservemos, sino que debemos hacer existir”, explica.

 

El también escritor y editor añade que en la literatura bolañista hay un recordar cómo olvidamos al otro y cómo debemos reconsiderarlo. “Si tomas en cuenta la difícil enumeración de las mujeres asesinadas, lo que está haciendo es recuperarlas. Lo poco que sabemos, lo poco que nos queda hay que decirlo, hay que recuperar un nombre, que no sean sólo números; él las convierte en historias, es su manera de no olvidar al otro”.

 

Destaca que una de las lecciones importantes de la actual pandemia del coronavirus es extrañar a los otros, incluso a los que son anónimos. “Este es un momento de revaloración de la presencia. Ni las redes sociales, ni el avance tecnológico sustituye la presencia del otro. El hecho de que el otro me hace ser diferente, con sólo estar, porque es insustituible”.

 

Ruisánchez Serra hurga, ante esto, en el concepto de reconciliación. “Es algo que no se acaba de lograr, es un trabajo permanente, perpetuo; siempre nos estamos reconciliando, porque las circunstancias, lo inesperado, lo que cambia, nos obliga a seguir intentándolo. Pero no porque no se pueda lograr deja de valer la pena”.

 

El ensayista señala que, como segundo paso, La reconciliación propone no sólo leer a Bolaño, sino leer desde Bolaño a autores que él claramente leyó y a los que no leyó, pero que aportan mucho a la lectura de su obra.

 

Me parece que una vez que un escritor hace una propuesta que cambia la literatura, y es el caso de Bolaño, hay que leerlo no sólo a partir de las influencias que crea, sino leer desde él, hacia atrás, a los autores que él leyó y la manera como los activó.

 

Pienso en Borges, a quien admiraba sobre todos. Pero también ver hacia los lados, autores de su misma generación, como Pedro Lemebel o incluso Diamela Eltit, en el caso de los chilenos. Y hacia delante, pero de otra manera; no sólo cómo Luis Felipe Fabre puede tener cierta influencia suya, sino cómo la poesía de éste nos ayuda a leer a Bolaño”, asegura.

 

También plantea leer 2666, a la que define como la primera novela fundamental del siglo XXI en español, activándola en conversación con textos de otros géneros; libros de cuentos como Hipotermia de Álvaro Enrigue, de crónica como los de Lemebel, de poesía como los de Fabio Morábito o Fabre y de ensayo como los de Borges.

 

El diálogo debe hacerse entre géneros y con esto constituyo el primer mapa de lo que llamo la literatura de amistad en América Latina”, indica.

 

José Ramón adelanta que trabaja en un libro sobre la no literatura del siglo XIX. “Me refiero a esos textos muy bien escritos, muy gozables, pero que están en lugares inesperados: los anuncios de la prensa temprana, los diccionarios de mexicanismos escritos durante esta centuria. Estoy leyendo de manera literaria lo que no se ha tomado en cuenta como literatura, donde podemos encontrar muchos placeres y energías transformadoras”.

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