Eduardo Halfon habla de su antología de cuentos ‘El boxeador polaco’

Recién se lanzó la edición completa del libro, que revela su vínculo con Sherezada y asume la brújula de su cartografía literaria, publicado bajo el sello de Libros del Asteroide

La memoria es la arcilla del escritor que a veces te reconecta con algunos momentos de la infancia”, afirma el escritor Eduardo Halfon (Guatemala, 1971), quien recién lanzó la edición completa de su antología de cuentos El boxeador polaco, un libro que revela su vínculo con Sherezada y asume la brújula de su cartografía literaria, publicado bajo el sello de Libros del Asteroide.

 

La memoria es poderosa y sabes que no se trata de algo fijo, como una fotografía, porque con el tiempo cambia, se modifica, eliges algunas partes, quitas otras y se convierte en la materia perfecta para la ficción, abunda en entrevista con Excélsior el también autor de Duelo y quien atesora entre sus recuerdos una anécdota que vale oro: la posibilidad de que su bisabuelo Salomón Halfon le vendiera armas a Pancho Villa.

 

Tú puedes jugar con la memoria, tirarla, encogerla, desecharla y a la hora de hacerlo eres un artesano que la moldea hasta convertirla en literatura. En todas mis historias la memoria está presente y hay episodios que nos llevan a la vida del autor”, dice vía telefónica desde París, donde lo tomó por sorpresa la cuarentena por la COVID-19.

 

Aunque todo ese magma de memoria es usado para hablar de algo más, reconoce. “Y un ejemplo es el cuento del boxeador, que usa el pretexto del holocausto y de Auschwitz para hablar sobre el poder salvador de las palabras, casi como un cuento en la línea de Sherezada que refleja cómo un boxeador puede usar las palabras para salvar la vida de un abuelo” en un campo de concentración.

 

¿Siempre utiliza referencias personales?, se le cuestiona. “Siempre hay destellos de mi vida, es la escenografía o el teatro que construyo y que da vida. El drama que sucede entre el nieto y el abuelo es ficción, insertada en un contexto de mi pasado, de mi familia y de mi país”.

 

¿Por qué sus historias apuestan por la brevedad? “El cuento es una energía contenida e intensa. Un amigo lo describía como una bofetada. Un buen cuento es una bofetada y yo creo en esa imagen.  Así que los escribo, los junto y los convierto en un conjunto de bofetadas que no te permiten soltar el libro”.

 

El volumen concentra relatos como LejanoFumata blancaTwaineandoEpístrofeEl boxeador polaco, Fantasma, Postales y La pirueta. En uno de éstos, el personaje central dice que un cuento sólo es una mentira o una ilusión que sólo funciona si confiamos en ella y tal como lo hacen los magos, nos entregamos a esos trucos de magia.

 

El cuento se titula Lejano y sucede en dos partes, comenta Halfon. “Cuando lo escribí, en 2007, no sabía que era mi despedida de Guatemala y de la docencia, pero comienza en el aula y con ese desdén de los alumnos y del profesor. El personaje es un profesor cínico y gastado, un mal profesor que ya no sabe si lo que hace vale la pena. ¿Será que se puede enseñar literatura?, ¿para qué?, cuestiona.

 

Pero cierto día llega un alumno que le da la vuelta al asunto, que invierte el proceso y lo obliga a adentrarse en su país, en ese mundo indígena guatemalteco que está a pocos kilómetros de la capital, pero lejos de su realidad. “Y entonces el alumno se convierte en profesor y se invierten los papeles. Es así como el cuento se vuelve otra cosa y marca la pauta para el resto del libro, con ese narrador que es otro Eduardo Halfon y que va por ahí contando cosas”, apunta.

 

¿La literatura es una ilusión?, se le insiste. “Aquí el truco es saber mentir e hilvanar esa mentira de tal manera que no lo parezca. Yo sólo escribo ficción, soy un cuentista y esos cuentos que has leído fueron escritos como cuentos.

 

Cada pieza fue escrita como un cuento, pero luego me doy cuenta que es la misma voz y el mismo narrador el que los relata. Entonces, poco a poco se forma una especie de novela episódica. No una novela tradicional, sino una novela de episodios de la vida de un personaje y ese narrador tiene mi nombre, mi biografía y mi vida… y adentro de ese contexto de mi vida y de mi biografía le suceden cosas que son absolutamente ficción, no autoficción”.

 

¿Es usted un buen mentiroso? “Algo pasa con mis lectores que se les olvida que están leyendo ficción. Yo no sé si soy un buen mentiroso, pero te estoy diciendo que son cuentos, el libro lo compras sabiendo que es literatura, novela o ficción, pero luego se les olvida. El truco es darle a este personaje mi vida y prestársela ayuda a que esa mentira se vuelva verdad para los lectores, es decir, y así ya no leen con escepticismo, sino como niños que lo creen todo, sin dudar”.

 

¿Era importante la memoria en el relato del boxeador? “Es un cuento en el que pesa más lo que no se cuenta, esas palabras que el abuelo no dice, pero eso sólo lo entiende alguien que ya lo ha leído. Yo tenía la imagen del tatuaje de mi abuelo y en el cuento un nieto observa su antebrazo y escucha la explicación de que es su número telefónico para no olvidarlo”. Pero eso es sólo el principio.

También podría gustarte

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.